Estoy muy orgullosa de cómo acabo este año, mejor dicho, como he vivido este año. La evolución que tuve fue muy positiva.

Decidí dejar atrás errores del pasado, parejas que no me llevaban más que a dudar de mi misma.

Relaciones que me llevaban una y otra vez a cuestionarme mi propia identidad como mujer.

No sabía lo que quería, solo sabía que quería tener pareja y eso era el error circular que me hacía una y otra vez sentirme sola en compañía.

Empecé el año con un viaje sola, prácticamente sola en playas desiertas, el paraíso.

Pensé mucho, fue un verdadero purgatorio de placer.

Me encontré a mi misma, no era fácil y la sensación fue de paz.

Cuando llegó el verano y todo el mundo buscaba con quien compartirlo yo me mantuve firme en la decisión de no querer compañero de viaje. Eso me daba una percepción de mi realidad verdaderamente poderosa. NO estaba con nadie porque no quería.

Fui una diosa, o así me sentí que es lo verdaderamente importante.

No me faltaron compañías circunstanciales para momentos de auténtico desahogo.

Me volvía a sentir bien cada vez que decía con una sonrisa más que sexi: hasta la próxima, ya te llamaré.

Con uno me divertía glamurosamente, con otro solo quería sexó y con otro aprovechaba la amistad que nos unía para tener todo eso y además complicidad.

Creo que este año voy a renovar el voto: disfruto de mi soltería, y quien lo quiera respetar puede acompañarme, quien no que se busque a otra desesperada por encontrar pareja. Yo me salgo del problema circular y vital.